¿Qué condiciones hacen posible que la vida florezca?
El pasado 11 de septiembre realizamos la primera de las Conversaciones Generativas de la cuarta edición de Incluir para Crecer – Festival de Economía Inclusiva: un espacio dedicado a explorar la biodiversidad como una invitación a repensar nuestra relación con la vida, la naturaleza y la convivencia humana.
La jornada fue facilitada por Ronald Sistek (Chile) y contó con la participación de Eduardo Méndez (Uruguay), Claudia González (Colombia) y Abdul Semakula (Uganda) como panelistas.
Participaron más de 80 personas, con alrededor de 40 asistentes presenciales y 45 participantes online, provenientes de Uruguay y de distintos lugares del mundo, entre ellos Colombia, Argentina, Paraguay, Chile, Puerto Rico, Nicaragua, México, Uganda, España, Perú, Guatemala, Sudáfrica, India, Bangladesh, Kenia, Burkina Faso y Palestina.
La diversidad geográfica, cultural y de experiencias fue en sí misma una expresión viva del tema que nos convocaba.
Llegamos con intención de conectar
Al comienzo del encuentro invitamos a las personas participantes a responder una pregunta sencilla:
¿Con qué intención llegás a este espacio?
Las respuestas mostraron una comunidad dispuesta a escuchar, aprender y construir colectivamente.
Aparecieron palabras e intenciones como:
- Conectar e inspirarse.
- Compartir y celebrar este camino.
- Hacer espacio.
- Militancia de vida.
- Regenerar.
- Comunidad.
- Curiosidad.
- Apertura.
- Ampliar la mirada.
- Aprender de nuevas visiones.
- Crear vida.
- Acercarse a personas que construyen futuros distintos.
- Conectar con la naturaleza humana y no humana.
En conjunto, estas intenciones dibujaron un terreno fértil para una conversación basada en la escucha, la presencia y la exploración compartida.
La naturaleza como vida, pertenencia y participación
La primera pregunta del panel fue:
¿Qué significa la naturaleza para ti?
Desde distintos territorios y experiencias emergió una idea común: la naturaleza no es algo externo a nosotros.
Fue descrita como vida, refugio, pertenencia, propósito, aprendizaje y encuentro.
Se habló de la naturaleza como aquello que nos recuerda quiénes somos y de la necesidad de reaprender a reconocernos como parte de ella.
Se compartió también la idea de que la naturaleza nos invita a participar activamente en la vida, no como observadores externos sino como seres interdependientes, responsables de contribuir a ella.
Biodiversidad más allá de los ecosistemas
Uno de los aprendizajes más profundos del encuentro fue comprender que la biodiversidad no se limita a la diversidad de especies, paisajes o ecosistemas.
La biodiversidad también se expresa:
- En las comunidades humanas.
- En la diversidad de culturas y saberes.
- En distintas maneras de pensar, sentir y habitar el mundo.
- En la creatividad y la capacidad de adaptación de las personas.
Se destacó que los sistemas vivos prosperan gracias a las diferencias y a las relaciones que existen entre ellas.
La biodiversidad nos mostró así un espejo para pensar la convivencia humana: una invitación a valorar la diferencia como una fuente de resiliencia, aprendizaje y regeneración.
La gran fractura: olvidar que somos naturaleza
Una de las ideas que más resonó durante la conversación fue que hemos construido sociedades basadas en una profunda sensación de separación.
Separación entre:
- las personas y la naturaleza,
- las comunidades y sus territorios,
- la economía y la vida,
- las generaciones presentes y futuras.
Se habló de una gran fractura cultural que nos ha llevado a olvidar cómo funcionan los sistemas vivos y cómo funcionamos nosotros mismos como seres naturales.
Desde distintas miradas apareció una invitación compartida:
Recordar que somos naturaleza.
Regenerar es restaurar relaciones
Otro de los grandes ejes de la conversación fue el concepto de regeneración.
Más que una cuestión técnica o ambiental, la regeneración apareció como un proceso de restauración de relaciones.
Relaciones con:
- nosotros mismos,
- otras personas,
- nuestras comunidades,
- los territorios,
- los ecosistemas.
Se planteó que quizás la verdadera crisis no sea únicamente ecológica, sino una crisis de vínculos.
Y que muchas de las transformaciones que necesitamos implican recuperar la capacidad de escuchar, de cuidar y de responder a la inteligencia de los sistemas vivos.
¿Qué podemos hacer mañana?
Cuando llegó el momento de pasar de las ideas a la práctica, surgieron propuestas simples y profundamente transformadoras:
🌿 Formarse en pensamiento sistémico y desarrollo regenerativo.
🌱 Desarrollar la capacidad de imaginar futuros regenerativos.
🔎 Realizar procesos de aprendizaje, reflexión y autoindagación:
💧 Practicar una relación consciente con el agua
Tomar un vaso de agua y reconocer la larga historia de vida que contiene, observando cómo circula por nuestro cuerpo y luego continúa su camino por el cuerpo de la Tierra.
🌳 Cultivar una relación con otro ser
Un árbol, un ave, una piedra, una flor o incluso otro ser humano.
Dedicarse durante algunos días a observar, escuchar y relacionarse con ese otro ser desde la curiosidad y la atención profunda.
🌿 Practicar el interser
Explorar cómo existimos gracias a los demás.
Reconocer que ningún ser existe aislado y que toda vida se sostiene a través de relaciones.
Lo que quedó resonando
Durante el cierre aparecieron resonancias muy potentes:
- Juntos podemos generar impacto.
- La restauración del vínculo para florecer.
- Multiplicar la consciencia.
- Redefinir el éxito.
- Escuchar, observar y reconocer otras inteligencias.
- Recordar, confianza y humildad.
- La cosa es regenerar.
- Poner la naturaleza en el centro.
- Curar nuestras relaciones.
- El bienestar humano y el bienestar de la naturaleza están profundamente conectados.
La vida prospera gracias a la diversidad y a las relaciones que existen entre ella.
Una conversación que continúa
Más que responder preguntas, esta conversación abrió nuevas posibilidades.
- Nos recordó que la biodiversidad no es solamente una característica de los ecosistemas.
- Es también una manera de comprender la vida.
- Una invitación a escuchar mejor.
- A cuidar los vínculos.
- A fortalecer la interdependencia.
- Y a imaginar futuros donde la diversidad humana y no humana pueda, verdaderamente, florecer.
La biodiversidad y la diversidad humana están profundamente conectadas; para regenerar nuestros ecosistemas necesitamos también regenerar nuestras relaciones, recuperar nuestra capacidad de escuchar y recordar que somos parte de la misma trama de la vida.
🌱✨
Cosecha poética emergente construida durante el encuentro – Maria Dulce Subida
