Escuchar para florecer juntos
El pasado 1 de octubre realizamos la segunda de las Conversaciones Generativas de la cuarta edición de Incluir para Crecer – Festival de Economía Inclusiva.
Tras haber explorado la biodiversidad como una condición esencial para la vida, esta vez nos reunimos para profundizar en otra pregunta igualmente importante:
¿Qué condiciones hacen posible que las personas, las comunidades y los ecosistemas puedan florecer juntas?
La conversación fue facilitada por Tania Ramírez (Uruguay) y contó con la participación de Sonia Laura Mora (Argentina), Hugues Sygney(Estados Unidos/Brasil) y Andrea Carolina Perez (Venezuela/Uruguay) como panelistas.
Participaron más de 70 personas de diferentes países creando una ecosistema de conversación muy diverso y lleno de riqueza.
Llegamos para escucharnos.
Al comienzo del encuentro invitamos a las personas participantes a preguntarse:
¿Qué intención traigo a este espacio?
Las respuestas mostraron una comunidad que llegó con ganas de escuchar, aprender, crecer y construir juntas.
Aparecieron palabras como:
- conexión,
- reparación,
- inclusión,
- comunidad,
- aprendizaje,
- curiosidad,
- coherencia,
- crecimiento,
- amor,
- respeto,
- escucha profunda.
La convivencia comienza en las relaciones
Durante la apertura, Mercedes recorrió el camino que el Festival viene construyendo desde la activación de Imaginación Comunitaria, pasando por el encuentro Empresas que Co-Crean Futuros y la conversación sobre Biodiversidad.
Apareció nuevamente una idea que había resonado con fuerza semanas antes:
La vida prospera gracias a las diferencias y a las relaciones que existen entre ellas.
Y también una pregunta inquietante: ¿Y si además de una crisis climática estuviéramos atravesando una crisis de relaciones?
Desde allí se abrió la conversación.
Historias que tejen puentes
Las trayectorias compartidas por las personas panelistas fueron muy distintas entre sí, pero estuvieron atravesadas por un mismo hilo: la búsqueda de dignidad, comunidad y transformación.
Desde Argentina, Sonia Laura Mora compartió su trabajo en contextos de encierro, facilitando círculos de diálogo con personas privadas de libertad. Allí descubrió algo que transformó profundamente su manera de comprender la justicia: La escucha profunda sana y transforma.
Desde Uruguay, Andrea Carolina Pérez relató su experiencia como persona con autismo y migrante, describiendo cómo muchas veces habitó entornos que no fueron diseñados pensando en personas como ella. Su reflexión puso sobre la mesa una idea muy poderosa: cuando creamos espacios accesibles para algunas personas, terminamos mejorando la vida de todas.
Desde Haití, Brasil y Estados Unidos, Hugues Sygney compartió una historia profundamente ligada a la comunidad, la justicia racial y el liderazgo regenerativo. Habló de la importancia de construir desde el propósito, de escuchar a quienes suelen ser invisibilizados y de preguntarnos constantemente: ¿Qué impacto tuve hoy?
Las relaciones necesitan tiempo
Una idea apareció repetidamente durante la conversación. Vivimos en un mundo atravesado por la velocidad, la productividad y la urgencia.
Frente a eso, varias personas señalaron la necesidad de recuperar prácticas que parecen simples, pero que hoy son profundamente transformadoras:
- detenerse,
- escuchar,
- prestar atención,
- sostener conversaciones difíciles,
- construir confianza.
Sonia compartió una invitación concreta: Escuchar a otra persona durante cinco minutos sin interrumpir, sin aconsejar y sin intentar cambiarla. Solo escuchar.
Una propuesta sencilla que generó una fuerte resonancia colectiva.
Lo que quedó resonando
Durante los momentos de reflexión aparecieron algunas resonancias compartidas que atravesaron distintos países y experiencias.
Se habló de:
- la emoción de sentirse acompañado;
- la importancia de la escucha desde el corazón;
- el poder de la conexión;
- la necesidad de trabajar colectivamente;
- la búsqueda de más personas con quienes construir;
- la importancia de crear espacios donde realmente podamos ser quienes somos.
Muchas personas expresaron algo que apareció una y otra vez: No queremos seguir caminando solas. Necesitamos a otras personas.
Seguimos caminando
La conversación cerró con una sensación compartida:
- Las transformaciones profundas no empiezan necesariamente en grandes instituciones o grandes decisiones.
- Empiezan en la forma en que nos escuchamos.
- En cómo construimos confianza.
- En cómo reconocemos al otro.
- En cómo generamos espacios donde todas las personas puedan aparecer plenamente.
- El bienestar no es solamente una cuestión individual, es una práctica colectiva.
CONVIVIR ES APRENDER A FLORECER COLECTIVAMENTE.
Una poesía para cerrar
Como en otros encuentros del Festival, el cierre estuvo acompañado por una cosecha poética emergente realizada por Maite Moreno Ugartemendia, quien recogió los hilos invisibles que fueron apareciendo durante la conversación.
Entre sus versos aparecieron imágenes que condensan gran parte de lo vivido.
Cosecha poética emergente construida durante el encuentro – Maite Moreno Ugartemendia.
